lunes, 30 de diciembre de 2013

2013.

2013 me ha enseñado las verdades más duras que puedes aprender. Casi todas comprimidas en el último trimestre. He aprendido que hasta el más bueno de los ángeles termina siendo el peor de los demonios, que tengo un alma muy vieja con tan solo diecinueve años, que a veces no eres tú mismo quién gobierna tu vida sino que es ella quien te gobierna a ti, que el amor solo existe en los cuentos de hadas, que no quiero sentir ese sentimiento porque le temo, no quiero entregar el poder a nadie de destruirme por dentro. Que quien bien te quiere nunca te hará llorar, que cuánto más bueno eres peor se te paga, que cuántos más sueños tienes antes los ves destrozados. Cuánto peor estés más se alegrarán de verte sufrir, que las personas que realmente te quieren las cuentas con los dedos de una mano. 

He aprendido a llorar sin que nadie me escuche, a poner la misma falsa sonrisa cada día, a decir:     "Estoy bien" "No me afecta" porque se alegrarán de verte caer. A eliminar cada sueño, porque ya no pueden cumplirse. He aprendido que soñar es de ilusos, que amar es ser destruido y que la vida puede ser la carga más grande que te echas a tus espaldas. Ahora sé lo que es levantarse cada día sin ilusiones, sin ansias de mirar al futuro y no poder mirar al pasado porque cada recuerdo te quema y te destroza. 2013 me ha enseñado que los años impares nunca han sido lo mío, que ya no quiero ver más películas románticas y que a las mariposas las mató un gran invierno. Un invierno que durará muchas primaveras, muchos veranos y muchos otoños. Cada fecha señalada en el calendario ahora es una constante lucha por ver si tienes ganas de levantarte de la cama, que cuánta más ayuda necesites más sola estás y que has perdido tus alas y ahora te limitas a ver los días pasar. 

Dices adiós a las dulces maravillas y dices hola a la cruda realidad. 


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